Todo el mundo al suelo

Queridos niños y niñas:

Soy dado a dejar las cosas para el último momento y cuando se trata la redacción de un texto, sobrepasar dos o tres días la fecha de entrega me hace sentir que posiblemente sea la última vez que me encarguen algo. Esta vez las cosas son distintas. Internet se tragó un correo que debía informarme que las líneas paralelas quedaban en mis manos y una llamada de confirmación me dio 24 horas para tener algo que contar, enfrentarme al teclado y contarlo. Esta vez no fui causante de la inminencia y a la búsqueda de un culpable, encontré al destino poniéndome a prueba en esta esporádica faceta de periodista no titulado. Era, sin duda, ese juguetón y despiadado destino queriendo hacerme demostrar (sin saber a quien, ni como exactamente) que se puede cambiar lo que a uno no le gusta de si mismo, evitando pasar por el trago de haber metido la zarpa.

Quizá sea un poco injusto para los lectores, que me apropie de de esta doble pagina y la empleé como terapia de autoayuda, pero al fin y al cabo, esta es la primera vez que recae en mis manos una oportunidad con temática libre y si la palabra libre sigue significando lo mismo de siempre, sobra andarse con miramientos. Además el hecho de que son las tres de la mañana y acabo de empezar, me hace desconfiar en mi capacidad para entregar esto a tiempo y se me plantea como un excitante reto contra-reloj.

Mañana entro a las diez a trabajar y la muela que ha protagonizado el fin de semana empieza a hacer llamadas de atención, pero soy consciente de que esto solo son pequeñas tretas de mi enemigo invisible y lo quiera o no, voy a contar la batallita de mi accidente. Principio de la historia.

Un lunes víspera de festivo, una conversación telefónica se convierte en un plan para filmar el mayor número de trucos posibles:

–¿Te parece bien quedar pronto y aprovechar el día?-

-Claro. ¿Sales un rato esta noche?

-Que va, creo que me quedaré en casa.

-Yo tampoco lo tengo muy claro, igual me quedo tranqui para tener buen cuerpo mañana.

A la mañana siguiente, mi resacón y yo nos reunimos con Jon y su cámara y los cuatro saltamos los torniquetes del metro. Nos dirigimos a una de esas zonas de Barcelona con mil spots juntos y grabamos una ronda. Cruzamos la calle, tomamos un café y salvamos el enfriamiento del descanso dándole mil quinientos tiros a un wallride. Subimos una cuesta, luchamos contra el tráfico y unos pocos intentos se convirtieron en un ollie transfer y un subidón de adrenalina que me llevó a pensar, que de resaca y con solo dos cafés en el cuerpo podía seguir patinando a ese ritmo.

-Va tío, justo encima de este puente hay una barra.¿Subimos?

-Claro. Vamos

El hecho de haberla tanteado en el pasado y el mencionado subidón de las planchadas previas, me hicieron no mostrarle el suficiente respeto al tubo y tras unos amagos, invité a Jon a sacar la cámara.

Era una barra de metro y pico de alto, bastante corta y si le dabas desde el murete del puente quedaba a una altura de risa La única dificultad que tenía el asunto era pillar carrera por el borde de un abismo. Confiaba plenamente en mi equilibrio sobre el patín y aunque afinando la precaución, me impulsé una vez más por el estrecho murete en pos de inmortalizar la hazaña.

Todo estaba en orden, tenía perfectamente claro que no podía caerme por el puente y que si algo fallaba durante la fase de deslizamiento, bajo ningún concepto debía caer sobre la barandilla. Ya lo había hecho antes. Era pan comido.

Este arrebato de confianza, fue una cortina de humo que me impidió ver cuanto miedo me dada ir al borde de aquel precipicio y que las resacas no son lo mismo con 16 que con 26 años. Estaba seguro de poder deslizar por esa barra y además quería hacerlo. Buscaba la sensación de salir rodando de la escena del crimen y sentirme pleno. La buscaba, como la buscamos todos cuando nos planteamos un reto. La seguiré buscando aunque esa vez me fallasen los reflejos, aunque una cicatriz de siete puntos me recuerde que aquel día no pude alcanzarla.

Quizá parezca no tener sentido que relate una caída. Soy consciente de que esto es el pan de cada día del skater, pero aunque me ahorro entrar en detalles de todas las lesiones que me acarreó este encontronazo con el suelo, puedo afirmar que esta es sin duda la que ha afectado a más partes de mi cuerpo y la que más me ha asustado. Lo que da sentido al relato, es que aun habiendo quedado hecho escombros casi dos semanas, durante los largos días de convalecencia, no apareció ningún rencor hacia mi agresor y porque una asociación de ideas me hizo asociar ver videos con tomar aliviantes dosis de metadona, haciéndome ver que estoy realmente enganchado al skate.

Por otra parte, está lo de que es la primera vez que me proponen escribir con tema libre y sin más se me antojó mi policontusinada aventura.

.

Este accidente solo ha sido una experiencia más, que vista desde un ángulo positivista me ha hecho sentir querido por los que me querían y le dará a mi parte del futuro video Stance, el toque espectacular que le falta a mis trucos. Además he aprendido que las novias van más rápidas que las ambulancias y son infinitamente más cuidadosas que las enfermeras.

Al final tendré que darle la razón a mi abuela en lo de que esta mierda acabará matándome. Aunque seguramente jamás entenderá que esto es lo que llena mi vida y que gracias a esto, me siento diferente al señor que empleó la tarde de su martes festivo, comiendo pipas en el banco que yo aspiraba a esquivar al salir de fakie. Súper majos él y su señora. Los pañuelos de papel me vinieron de lujo y les agradeceré eternamente que se ahorraran comentarios como “te tenias que haber matao” o “a picar a la mina te mandaba yo”, pero hasta que llegaron el del patinete y su colega el de la cámara, se estaban marchitando de aburrimiento.

Pin, pan. Entre pitillos y flautas se me ha hecho de día, pero esta batalla con el destino me anota un tanto. Voy a tomarle prestado al vecino un poco de su wi-fi y a confiar en que nada falle. Gracias por terminarte el texto y enhorabuena por haber elegido esta vida.

Ser buenos. Paz.

Publicado en Shape Skate Magazine.

Mordiendo el polvo. Captura de una filmación de John López

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Una respuesta to “Todo el mundo al suelo”

  1. julian toral Says:

    asi de cabron me cai apenas este viernes
    cuando intentaba hacer un crooked grind
    en un gab de 2 tablas ,,,,,

    se siente cabron la caida

    pro weno ya estoy mejor

    sale espero estes bien

    yyyy ariva el sk8

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